Mañana a la misma hora, deshabitar el tiempo

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Mañana a la misma hora, deshabitar el tiempo

Tomorrow at the same time, vacate time

Uno de los efectos que estamos sufriendo como especie sin darnos cuenta es que con el confinamiento y el distanciamiento social nos estamos alejando de la mirada física, esa mirada tan importante para sentir al otro, lo que genera la empatía y conecta con el corazón. Pero también algo que estamos perdiendo sin darnos cuenta es la pérdida de nuestros rituales eso que nos hace conectarnos con lo que somos y nos cobija llevándonos a eso que llamamos hogar.

Como recientemente lo comentó el filósofo coreano-aleman Byung Chul Han, la pandemia remata la desaparición de los rituales. El trabajo tiene aspectos rituales. Uno va al trabajo a las horas fijadas. Y el trabajo se hace en comunidad. También el coworking o trabajo cooperativo apunta al carácter comunitario. Pero en el teletrabajo, al que la pandemia obliga, esta dimensión ritual se pierde por completo. En El principito de Saint-Exupéry el pequeño príncipe le pide al zorro que lo visite siempre a la misma hora, para que la visita se convierta en un ritual. El principito le explica al zorro qué es un ritual. Los rituales son en el tiempo lo que una vivienda es en el espacio. Hacen habitable el tiempo, como si fuera una casa. Ordenan el tiempo y de este modo hacen que tenga sentido para nosotros. El tiempo carece hoy de una estructura firme. No es una casa, sino un flujo inconstante. Antes era también todo un ritual ver un programa de televisión un determinado día de la semana a una determinada hora, toda la familia. Hoy se puede ver un programa a cualquier hora, cada uno por su cuenta. Eso no significa directamente que tengamos cada vez más libertad. La flexibilización total de la vida también acarrea pérdidas. Los rituales no son simples restricciones de la libertad, sino que dan estructura y estabilidad a la vida. Consolidan en el cuerpo valores y órdenes simbólicos que dan cohesión a la comunidad.

La pandemia está poniendo de manifiesto que vivimos en la sociedad de la supervivencia. Sobrevivir lo es todo, como si nos halláramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplean hoy para prolongar la vida. En los ritos de duelo la aflicción se mancomuna. Facilitan el proceso individual. Los rituales son también dispositivos de protección.

One of the effects that we are suffering as a species without realizing it is that with confinement and social distancing we are moving away from the physical gaze, that gaze so important to feel the other, which generates empathy and connects with the heart. But also something that we are losing without realizing it is the loss of our rituals that makes us connect with what we are and shelters us, taking us to what we call home.

As the Korean-German philosopher Byung Chul Han recently commented, the pandemic ends the demise of rituals. The work has ritual aspects. You go to work at set times. And the work is done in community. Coworking or cooperative work also aims at community character. But in teleworking, which the pandemic forces, this ritual dimension is completely lost. In The Little Prince of Saint-Exupéry the little prince asks the fox to always visit him at the same time, so that the visit becomes a ritual. The little prince explains to the fox what a ritual is. Rituals are in time what a dwelling is in space. They make time habitable, as if it were a house. They order time and thus make it make sense to us. Time today lacks a firm structure. It is not a house, but a fickle flow. Before, it was also quite a ritual to watch a television program on a certain day of the week at a certain time, the whole family. Today you can watch a program at any time, each on their own. That does not directly mean that we have more and more freedom. The total flexibility of life also leads to losses. Rituals are not simply restrictions of freedom, but they give structure and stability to life. They consolidate in the body symbolic values ​​and orders that give cohesion to the community.

The pandemic is showing that we live in the survival society. Surviving is everything, as if we were in a permanent state of war. All the vital forces are used today to prolong life. In mourning rites, grief is pooled. They facilitate the individual process. Rituals are also protective devices.

Curaduría Omar Guerra / Curated by Omar Guerra